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Tuesday, August 25, 2009

Otro ídolo cae.

Corría el año de 1994, cuando como cada mañana salía a sentarme a la banquita fuera de mi casa, con mi inmaculado uniforme del colegio María Montessori, a esperar a que el papá de Megumi llegara por nosotras.

Megumi sigue siendo mi vecina, pero por esos años además de ser las mejores amigas, íbamos a la misma secundaria. Tonz su padre ruletero nos llevaba y nos traía.

En fin que en una de esas mañanas, con la modorra que me caracteriza a esa hora, esperaba impacientemente, cuando frente a mí pasó una visión maravillosa: caminando con ese pasito típico de galán, pantalones de payaso... digo, de gimnasio, lo que explicaba o más bien justificaba con un DELICIOSO cuerpo tonificado de ancha espalda y anchos brazos, con su mochila al hombro, su cabello a la Brandon Walsh perfectamente engominado y lustroso y esos ojos... ay mamá, esos profundos ojos... frente a mí pasaba por primera, pero no única vez, al que nombraríamos para la posteridad "El Chueco".

¿Y por qué el Chueco? Bueno, antes de que siga con el relato les contaré. El Chueco, que después me enteraría que se llama Arturo, es hermano de una güera desabrida de la generación de mi hermana, quien al patinar lo hacía con mucho caché y pero no le salía la patinadita y parecía Cuasimodo al caminar, así que mi hermana & co. la bautizaron como La Chueca.

Hence, El Chueco.

En fin que El Chueco caminaba frente a mí y yo embelezada, con la cara más estúpida que me puedo imaginar, porque cuando se dio cuenta que lo miraba, él sonrió encantadoramente. Y bueno, yo creo que sonrió para evitar soltar la carcajada, si no ¿por qué más pudo haberme sonreido? (La naca de mí aún no entraba en la onda de arreglarse para gustarle a los niiiiiñosssss... ni novio tenía, tonz dudo mucho que me haya sonreido por coqueto.)

Por supuesto, yo no le sonreí de vuelta. Sólo me dio risa nerviosa y volteé para otro lado. Y cada mañana, de lunes a viernes, era lo mismo. Él caminaba desde su casa en Cólica, con dirección al metro. Pasaba frente a mi casa, frente a mí, frente a mi cara de estúpida y frente a mi risa nerviosa.

Nunca me atreví a presentarme con él. Nunca me atreví a cerrarle el ojo. De hecho, no podía atreverme a nada. El pánico me lo impedía. Yo era re chundita (¿eras, mi reina?). Total que un año escolar pasamos así. Él sonreía siempre. Yo... me mordía el rebozo.

Al siguiente año, Megumi se salió de la escuela, así que ya no me llevaba su papá. Me llevaba el mío, que siempre ha sido súper puntual y madrugador, así que nunca volví a esperar en la banquita y no volví a cruzar miradas con El Chueco, hasta el tiempo en que me reconcilié con Ivonne, quien me lo presentó. Incluso estrechamos manos y besamos el aire en dirección a nuestras respectivas mejillas, pero nada pasó de ahí (obvio, mi mejilla rooooooja roooooja de vergüenza).

No quiero hacerles el relato más largo, pero sí.

El otro día, venía caminando yo del metro hacia mi casa, cuando a lo lejos, descubrí una figura algo familiar. No, la verdad es que no era familiar. Mientras yo escrutinaba a esa persona, nos íbamos acercando más y más, pues íbamos caminando frente a frente, en sentidos contrarios. Cuando estuvo a unos cinco metros reconocí a la figura melenuda, enana y ligeramente obesa.

Una versión decadente y triste de El Chueco me miraba. Sus ojos ya no eran chispeantes lagos negros. Su cabellera de Brandon Walsh ahora era una mata descuidada de pelo cenizo y con orzuela. Sus otrora orgullosos y erguidos hombres, se dejaban llevar por el peso de los brazos. Su altura era la misma que en 1994, ¡WTF! ¿Pero saben qué era lo peor de todo esto, chicos y chicas? El Chueco seguía llevando los mismos pantalones de gimnasio, de esos que estaban tan "en onda" en los noventas.

Bueno, a lo mejor no eran los mismos, pero todos se parecen en lo pinches feos.

En esta ocasión, El Chueco no sonrió. Carajo, ni siquiera me miró. Él tal vez no sabía que yo lo miraba desde muchos metros antes, pero yo sí supe que él no me miró a mí, porque detrás de mis lentes de Rigo Tovar, mis ojos que todo lo ven están bien escondidos. Y hasta el momento que estuvimos frente a frente, él no levantó la mirada del suelo.

Oh my dog... qué triste.

Seré sincera, no entiendo cómo trabaja el paso del tiempo, porque yo estoy mucho mejor que hace 15 años. La juventud ñañangas, antes no sabía lo que era el rimel... casi casi no sabía lo que era un espejo o un cepillo. Y si bien era una niña bastante curiosita y con chispa, nunca fui un bombón que atraía a los niños incluso sin intentarlo. Fooota, ni intentándolo. Y miren que tuve novio desde entonces, pero ¡ah pa' andrajito que andaba yo arrastrando!

Pero pa' qué más que la verdad, hoy en día no le diría que sí al Chueco. Si me sonriera, le devolvería la sonrisa por mera cortesía, pero es triste ver que hasta la sonrisa perdió. ¿Qué habrá pasado en su vida para que perdiera ese maravilloso brillo de antaño? ¿O era yo la que lo veía con otros ojos y realmente nunca fue la gran cosa?

Pero esa es harina de otro costal. El punto es que es triste ver que conforme pasan los años, unos nos arreglamos y otros... se caen de su pedestal.

Por ese tiempo, justo terminando ese año escolar, comencé a "salir" con Pitoloco Babastibias, como llamaba mi papá a mi primer galán en forma en el vecindario. Él es otro caso de "el tiempo corre en putiza y te pisotea a su paso", que compartiré con ustedes en otra ocasión.


Nomás me recuerdan, porque últimamente ando muy olvidadiza de este blog. Disculpe usted.

Saturday, October 25, 2008

Mi primera vez.

Hay temas de los que no se platican tan fácil, pero el post de Plaqueta en Recolectivo, me movió las memorias en mi cabeza. Iba a ponerlo como comment, pero luego los hago súper largos y mejor ahora decidí postearlo en mi propio blo'.

Y bueno, yo mentí durante mucho tiempo sobre mi entrada al mundo del sexo coital Es hora que diga la verdad. La historia que contaba entonces, cuando era importante y todo mundo se quería enterar de tu primera vez, era bien diferente a la verdadera. Lo curioso es que ahora, no importa tanto la primera vez, sino la última. Cuándo fue, con quién, dónde. Ash, pero me desvié del tema.

Mi falsa primera vez ocurrió un 13 de enero de 1998, cuando yo tenía 15 años y aún los sentía nuevecitos. 15 años, cuatro meses. Yo ya no tenía mi súper mata hippiosa, pues en diciembre había pasado por un cambio raro, loco... súper preparatoriano. Entonces tenía yo la mata corta, decolorada y bien andrógina yo.

Mi falso desquinte había sido en el carro de mi entonces novio Emmanuel*, en la calle de Coconetla, afuera de la escuela primaria que hay ahí; mientras fajábamos yo me senté sobre él y ¡plop! así de la nada, perdía mi oooh tan linda virginidaaaa'. Cero romance, sólo volteaba a ver y decía "bueno, ps ya pasó".

Eso nunca pasó. Digo, el faje sí pasó. Era cosa que pasaba muy seguido. Una vez, hasta el faje fue doble y en otra ocasión hubo sexo oral, pero nunca me rasgaron la vestidura en ese carro.

La historia verdadera fue la siguiente:

Corría el año de 1998, pero a decir verdad viví tanto tiempo con la historia falsa, que no recuerdo cuándo fue la verdadera. Debió ser por julio, agosto, porque yo pintaba mi recámara durante las vacaciones. Me llamó mi canchanchán y me dijo que si quería ir a su casa, sus papás no estaban. Y cómo me gustaba ir a su casa. Nos aventábamos unos épicos fajes en la sala, que yo salía apestando a Polo. Mi mamá me olía y yo sólo le decía que nos abrazábamos muy fuerte mientras veíamos la tele. Ajá.

Así que ahí te voy. No estaban ni los papás ni los hermanos, cosa rara, porque siempre había por lo menos un hermano al que mandábamos a las maquinitas mientras hacíamos nuestras cositas. Así que no había nadie, salvo tres albañiles, razón por la cual Emma se había quedado, cuidando el fuerte, y su familia se había ido a dominguear. Porque creo que era domingo. O sábado.

Fue rarísimo. En primera porque, pues era mi primera vez. Y aunque sabía muy bien lo que era un orgasmo, no sabía lo que sería el dolor de la penetración. Decidí jugar a la novia sexy, la experimentada. Aunque realmente yo no sabía nada de sexo, salvo las indiscreciones que Bárbara nos contaba que hacía con su novio. "Vamos al baño" me pidió Emma, "ahí no nos ven los albañiles". Y yo ¿quéeeeeeeeeeeeeeeee? O sea, quería hacerlo con los albañiles todavía en la casa. ¡Qué locura! "Ok" respondí, sin pensarlo dos veces. Digo, qué pena con los albañiles, pero pues más pena que este wey fuera decir, ay qué vieja tan amarrada, ahora que podemos, no quiere por pura pena con unos weyes que ni la van a volver a ver.

El baño de la casa de Emma era súper kitsch. Con repisas de vidrio, tapetito peludo junto al excusado y, lo mejor, el cancel de la regadera, tenía una sirena con las lolas al aire, unas chichotas de pezones negros, porque pues estamos en México y la sirena tenía el pelo negro, entonces era lógico que tuviera unos pezonsotes negros negros.

Me senté en el lavabo (sí, en ese tiempo aún podía sentarme en un lavabo sin romperlo) y se acercó Emma a mí. Y ahí empezó lo peor. Lo que sí recuerdo de esa tarde, era que él se esforzó demasiado en hacerme sentir principiante. No era la primera vez que le quitaba el cinturón, pero por alguna razón, quitárselo todo en vez de sólo desabrocharlo era de principiantes. Cero sexy, terrible. Y así, cada movimiento mío era cero sexy. Rodear su cintura con mis piernas, cero sexy.
Besarle el cuello, cero sexy.

¿Entonces "hacer el amor" no era tan lindo como fajar? Yo estaba bien confundida.

Cuando los albañiles se fueron, yo ya no era virgen anymore. Sólo recuerdo que procuré no hacer ruido, para que nadie se enterara. De hecho, creo que todos los adolescentes de Coyuya crecemos cogiendo en silencio, porque todo lo escucha el vecino. Durante años cogí en silencio, aunque estuviera en otro lado. Hasta llegaron a decirme "¿por qué tan calladita? ¿No te está gustando?" y yo no sabía que decirles, que inconscientemente crecí cogiendo en silencio, para que el vecino no le fuera con el chisme a mi mamá.

Después de esa primera vez, de la que no recuerdo si dolió o si sangró, hubo una segunda en la cama de los papás. Completamente desnuda, con un cuerpo que entonces no tenía estrías ni celulitis, con un miembro que entonces me parecía grande porque básicamente era el único que había visto en mi vida. En la posición del misionero, entre las sábanas de los papás, tapándome la boca con el cobertor. Después de esa segunda, tomé mis cosas y regresé a mi casa, como 4 horas después de haberme ido. Seguí pintando como si nada. Al día siguiente, me dolía la pelvis, me sentía como charra y por fin sabía lo que era ya no ser virgen.

Y la neta, me sentía igual. El cambio vino dos semanas después, cuando por fin encontré a Emma, besando a una enana que tenía que subirse a la banqueta para más o menos alcanzar los labios del que se supone era mi novio. Mi amiga Atziri y yo pasamos junto a ellos, pero yo no quise "armar una escenita", así que nos seguimos de largo, hasta que él dijo "hey". Volteé, con una lágrima a punto de escapar de mi ojito. "¿Me puedes dar la hora?" me dijo con una cruel sonrisa en su cara de ojos orientales.

Qué descaro. Me popeó la cereza, desapareció por dos semanas y cuando por fin lo encuentro, está con una ewok que seguramente provenía del barrio de la Cruz o peor aún, el de Santa Anita. O sea, cero clase. Y durante meses me pregunté por qué lo había hecho. ¿Había sido tan mala yo "en la cama"? Porque éramos novios, así de manita sudada y todo. Así de que cuando jugaban tocho en la calle, ahí estaba yo para echarle porras, junto al resto de las demás novias. Así de que me llevaba a las fiestas de Oyameyo y me servía mi cocacola. Así, de plano. Y de repente, ¡bolas! en la calle, en público, frente al que se atreviera a mirar, ¡pintándome el cuerno!

No recuerdo si el desquinte dolió. Pero recuerdo perfectamente cómo mi corazón se partió en mil cachitos cuando me preguntó la hora. Y así, me rompían el corazón por primera vez. Y así, me sentía bien puta por primera vez.

Tuesday, September 09, 2008

La Ciudad se sacude.

Yo la neta no me acuerdo del terremoto del 85. Tenía menos de 5 años y digamos que no tengo memoria consistente hasta después de esa edad. Recuerdo episodios aislados e incluso uno muy vívido de mi infancia muuuuy temprana (aún dormía en cuna), pero la neta la neta la neeeeta, no recuerdo el del 85.

Recuerdo mejor el de 88, que estuvo así también machín. Me recuerdo en el patio grande del Centro Escolar Morelos, con mi aro de hula hula, ensayando una tabla gimnástica, creo que para el día de la madre, lo que nos coloca en abril, principios de mayo del 88.

Brinca que brinca y baila que baila, una tierna y diminuta Bruja de patas flacas (a huevo, tuve patas flacas, créanlo o no), sentía que el piso se le movía, descomponiéndole la coordinación. De pronto, gritos, llantos, niños corriendo. ¡Era el armaguedón! El pánico de un nuevo 85 se hizo presente, todos corrían, gritaban y empujaban a pesar de que en las paredes de toda la escuela había letreros que decían "no corro, no grito, no empujo".

Yo nunca fui panchera. Neta ni lloré, ni grité, ni corrí. La miedosilla de miniBrux se agachó, se abrazó las rodillas y metió la cabeza entre ellas. Estaba a medio patio, nada podía caerme encima y lo único re culero es que se hubiera abierto el suelo bajo mis pies... brrrr, nunca lo pensé así a esa edad.

Total que se calmó la cosa, los borreguitos locos fueron puestos en orden, nos formaron como en ceremonia de honores a la bandera y el entonces director (y mi archienemigo mortal) dirigió unas palabras: "se suspenden las clases, llamaremos a sus padres para que vengan por ustedes".

Niñas y niños por igual lloraban y se abrazaban. Los niños más grandes mencionaban el 85, seguramente porque ellos sí se acordaban. Yo miraba perpleja y confundida porque, si mis papás trabajaban ambos todo el día, ¿quién iría por mí? ¿Mi nana, Rafita, que era quien nos cuidaba en ausencia de mis padres? Lo dudo. ¿Mi hermana adolescentosa y culerita conmigo? Tampoco creo.

La respuesta se resolvió en la forma de mi tía Glo, pues mi primo Charlie estudiaba en la misma escuela (cosa que se me había olvidado en ese momento). Pero mi archienemigo no podía permitir que alguien que no fuera mi madre, padre o tutor me llevara. Maldito, maldito Humberto Castillo... sin embargo, mi tía siempre ha sido hábil con las palabras y lo convenció de llevarme.

Es una memoria muy clara que tengo de uno de mis primeros temblores... pero del 85, no me acuerdo nadita. ¿Algún chilango se acuerda dónde estaba, con quién y qué hacía? Cuenten.

Tuesday, July 29, 2008

El interés tiene pies... re re re re reeeee... y ya final.

Si no ha leído usted los capítulos anteriores, por favor:

El interés tiene pies.
El interés tiene pies... reloaded.
El interés tiene pies... revolutions.

Después de la pizza, fuimos a comer helados. Después de eso, regresamos a casa y estuvimos en la alberca hasta que oscureció. Decidimos irnos a la cancha de fútbol, donde podríamos echas desmadre sin pedos de despertar a los Susunagas Padre y Madre. Así que nos repartimos tareas: Ámbar va por almohadas, Kenia le ayuda, su segura servidora va por sillas y así mientras los hombres (todos) iban por más gasolina (chelas y cigarros). Así es, se necesitan 7 hombres para eso. En fin.

Cuando me levanté, involuntariamente seguí a Ámbar al interior de la casa. Cuando iba de salida, Susu iba entrando.

-¿A one i-ba Uana?- me preguntó.
-Ah pues, este... de pendeja me metí porque yo iba por las sillas de junto a la alberca- le respondí a la tétrica figura en la oscuridad.
-Ah ueno...

Intenté salir, como alguien que se enfrenta a un pacífico mandril: tranquila, sin escándalos. Pero no lo logré. En el marco de la puerta, el mandril Nalgas de Jaimico me acorraló entre sus velludos brazos. Demasiado tarde para fingir la demencia que llevaba días aplicando para evitar esa situación. El momento que más temía había llegado. Ni siquiera podía mirarlo a la cara. Durante ese instante, pasaban por mi cabeza pensamientos como: en qué estaba pensando cuando dije que sí, no mames ¿está cacarizo o barroso?, ojalá llegara alguien ahorita, ¿si lo golpeo me dejará quedarme a dormir hasta mañana?, qué pendeja creo que no empaqué calzones para mañana, ¿le olerá la boca?, ¿me olerá la boca a mí?, oh no, está cada vez más cerca, ¿si me volteo me irá a besar a la fuerza?, guácala hasta acá escucho su respiración, ¿cómo podré dar la cara en sociedad después de esto?, ¿por qué nunca le dan cereal a los animales que quieren tantito? no es como si se fueran a morir, ¡no estudié para el examen de química!, bueno nunca estudias, ¡oh no, ya llegaron sus labios a los tuyos! AYUDAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA...







Puedo decir, sin temor alguno, que ha sido el peor beso de la historia, seguido del de Paniagua, un diciembre de 2001, cuando me babearon la cara hasta dejarla como medusa fuera del agua.
En su momento, a mis amigas les platiqué que besarlo era como si te metieras uno de esos Esterbrook grandotes en la boca y le dieras vueltas. Su lengua, tiesa y seca, me raspaba las paredes de mi pobre boquita que en ese momento recordaba aquellos dulces besos que había recibido anteriormente, sólo para evitar que la pizza, el helado y las chelas se regresaran y le garapiñaran la cara al gandul ese... lo cual hubiera sido una gran mejora.

Por fin, después de unos segundos que me parecieron una eternidad, se separó de mí. Yo creo que desde ese momento se dio tinta del asco que me daba, porque no volvió a intentarlo. Ningún tipo de acercamiento físico, NADA.

Afortunadamente.

Dos días después, para no hacerles el cuento largo, Manuel Susunaga cortó conmigo. Oh sí... él me cortó. Fue la ocasión en que un cortón me hacía feliz, inmensamente feliz. Ni siquiera pedí las razones, como pendejamente tenía la costumbre de hacer. Dije "ok" y proseguí con mi vida. La leyenda dice que me metí a llorar al baño, pero ¡bah! La leyenda soy yo, la valiente que se aventó por primera vez a amar a La Bestia... y vivió para contarlo. ¡De veras! O a ver, díganme dónde están Bárbara, la Mugronch o su otra novia la fea, para contarles sus memorias.

En fin... ya contado el chisme ¿qué pasa después? No sé... pero querían el fin, ¿no? Eco... finne.

Saturday, July 26, 2008

El interés tiene pies... revolutions...

Y como ustedes (Lilo, cof cof) lo pidieron... después de un ratotototote de hacerlos esperar, aquí la tercera y última parte de la tierna historia con el cavernícola... ah sí, ahora debo hacer una acotación:


EL PRIMER CAVERNÍCOLA que quiso venir a blandir su garrote en mi territorio.


Por favor, si usted no sabe a qué me refiero, remítase a la primera y segunda parte de esta trilogía.





Cabe anotar que había retrasado la redacción de este final, porque quería youtubear partes del video que sirve de testimonio a ese infame viaje. Pero como ni encuentro los cassettes ni el adaptador, ni modo, la historia sigue sin material de apoyo. Habiendo establecido el antecedente, me dispongo a continuar el relato.

Entonces, el viaje a Cocoyoc era una realidad. Todos me felicitaban por "hacer esto por la banda". Vaya, que casi casi me estaba prostituyendo por la banda. Pero, después de Cocoyoc vendría Acapulco y después de Acapulco, quién sabe... pero toooodo sea por los amigos... de los cuales, ya no le hablo a ninguno, jajajajaja (o sea, de los que disfrutaron el viaje, pues).

Así que ese viernes de febrero, empaqué mis cosas y me dirigí a la escuela con mi papá. En el momento en que el auto arrancó, yo que hacía como que me metía a la escuela, emprendí la graciosa huída, dejando mi mochila y llevándome mi maleta. Total, los libros que se pierdan, lo que no quería perder era el traje de baño y los chones.

Nos fuimos reuniendo poco a poco los invitados al viaje, hasta que casi todos nos fuimos a desayunar. Me brincaré la parte donde le llamaron a mi mamá y ella fue a la escuela, donde tuvo la oportunidad de conocer a Susu y reirse de él casi casi en su cara... porque fue un episodio muy vergonzoso de mi vida. Que mi madre viera con qué tipo de mastodonte "andaba" en ese tiempo. Iug.

Total que mi "carruaje" llegó. 14 monos nos trepamos a una Suburban del año, vidrio plomado y chofer/guarura y emprendimos el viaje hacia Cocoyoc. Yo me apañé la cajuela con todas las maletas para no ir apretada (y porque era el lugar más alejado del asiento del copiloto, donde venía mi "gorilita" del corazón).

Traíamos una buena peda, un buen desmadre, ji ji ji, jo jo jo y cuando llegamos a la casa, nos quedamos diaseismana. Déjeme darle, tan distinguido lector, un recorrido virtual por el terreno.

Sin rejas, construida sobre una lomita, la casa de los Susunaga en Cocoyoc era de esas casas lindas como en niveles. El comedor unos metros más alto que el hall, la sala como deprimida en la tierra, el pasillo pasaba como puente sobre la estancia y llevaba a las recámaras de huéspedes a un lado y la "habitación principal" al otro (esta última sería mi morada, tentativamente, durante el fin de semana).

La habitación principal/nupcial era un área tan grande como mi sala y comedor juntos, con jacuzzi y NETO namás le faltaba el tubo de teibolera. En un espejo enorme, Doña Susunaga tenía colgados sombreros, boas de plumas, batas vaporosas y cositas así para jugar al rol. No, nada de cuero (desafortunadamente). En el jacuzzi cabíamos 7 personas (obvio no nos metimos, teniendo alberca afuera). 14 monos invadimos la habitación y jugamos con las cosas de los papás y luego fuimos a instalarnos en nuestras respectivas alcobas.

Como casi casi íbamos puras parejas, queríamos instalarnos así, pero sólo había dos recámaras disponibles. Así que decidimos, en ese momento de ausencia de autoridad paterna, que dormirían todas las parejas en una habitación y en la otra todos los solteros. Yo, por supuesto, iba a dormir en la habitación nuCcial.

Nos cambiamos a nuestros trajes de baño y salimos a aventarnos a la alberca. Ahí fue donde nos dimos cuenta de una pequeña construcción junto a la casa. Una casita. Y digo casita porque junto a la casa en proporción era pequeña, pero cuando descubrimos qué era, nos volvimos a quedar diaseismana.

Kenia, Ámbar y yo nos acercamos y nos asomamos por las pequeñas y adorables ventanas. Adentro, una reproducción en miniatura de una casa. Todo completamente funcional: recámara, sala, comedor... y creo que hasta baño tenía. Era la FUCKING casa de muñecas de mi entonces cuñadita.

Wey... tenía una casa de muñecas tamaño real. Nche niña. La odié.


Ya remojados en las aguas de la alberca, nos secamos y nos fuimos a comer algo a la cocina. Ahí estábamos todos, cuando vimos entrar a la hermanita corriendo... tras de ella, mis entonces suegros. Y ustedes dirán "mmmmmmta, le cayó caca al pastel". Pues sí, pero por otro lado no, porque yo en ese preciso momento pensé "NO MAMES, QUÉ CHINGÓN YA NO VOY A TENER QUE DORMIR CON ESTE ORGANGUTÁN".

La madre, muy autoritaria, inmediatamente empezó a preguntar cómo nos habíamos acomodado. Descubriendo nuestro plan, lo revirtió inmediatamente: "no no no no no, niñas con niñas y niños con niños, esta es una casa decente". Y así, Fabián, Jorge, Andrés, Carlos, Mauro, Susunaga y el cuñado de Jorge, quedaron en una recámara; Alma, Yatziri, la hermana de Jorge, Kenia, Ámbar y yo, en la otra... me está faltando alguien, pero la neta ni me acuerdo bien, tendré que revisar los videos. En fin...

Llegando, Susunaga Sr. dijo habérsele ocurrido la mejor de las ideas: organizar una fiestecita ahí en la casa. "Con globito', gorrito', refrejco... lo que quieran muchachitos", dijo. ¡Ja! Y nosotros con los cartones de cerveza sobre la mesa de la cocina, sí señor ¿y la película de Disney? Total que lo convencimos de que queríamos salir a un bar o algo (por supuesto, éramos puros mocosos de no más de 17 años, salvo dos de los hombres y creíamos que en Cuernavarrancho nos iban a dejar entrar a sus bares). Fuimos a tres bares donde POR SUPUESTO no nos dejaron entrar. Pero nos fuimos a una "disco" esa sí bieeeen rancherita y nos dejaron entrar sin pedos.

Pedos como salimos. Llegamos al Chateu d'Orangutan y Ámbar, Kenia y yo queríamos fumar... oh surprise, íbamos saliendo al jardín cuando una tétrica imagen apareció en el pasillo. "¿A dónde van... NIÑAS?" La madre en una de sus batas vaporosas nos observaba como si fuéramos criminales queriendo escapar. "A fumar un cigarro" le respondió Kenia. "No NIÑAS, no pueden salir, váyanse a dormir y no hagan ruido".

Pooooooooooota, pa' mis pulgas, pero pos como era la suegra, nomás dijimos siseñora al unísono y nos guardamos... en el baño, para fumar escondidas. Chale, pensábamos que nos la íbamos a pasar padre, pero la primer noche pintaba para que no. Como fuimos las últimas en irse a dormir, nos tocó piso, sobre uno de esos tapetes como de estambre de lana, con bolitas... ah, pinches bolitas, creo que el puro piso pelón hubiera estado mejor.

Despertamos a un delicioso desayuno preparado por la misifuza traída desde México para atender a los amigos del joven Manuel. Ah, la pura sabrosura el resto del día, alberca, fútbol, helado y pizzas en la miniplacita de Cocoyoc... oh, pero tenía que llegar la noche y ese fatídico episodio de mi vida... que como ya está muy largo este pedo, se desarrollará en un subcapítulo anexo... enjoy.

Friday, July 25, 2008

Qué pedo con mis sueños...

Pues volví a soñar raro. No con ballenas. Pero algo que recuerdo es que llegaba con mi hermana, que en el sueño tenía más o menos mi edad y entre las dos andábamos por los 20 o 21 años, estábamos chavas. Y le estaba preguntando por skype a alguien: ¿15 centímetros, en serio? ¡Qué vergón!" y yo así de WTF! Discretamente me asomaba a su laptop y leía el nick "THE ALIEN MAN" y yo "PINCHE PAR DE TRAIDORES". 

Resulta, que ese nick pertenece a quien algunos días pone la sonrisa que traigo en la cara últimamente. Y bueno, el que mi hermana me estuviera comiendo el mandado no era raro para mí. Y contaré por qué. 

Justo cuando comencé en eso de los cybernovios, que fue como a los 5 días de comenzar con eso de los Internets, me hice de un lindísimo novio argentino. Nos veíamos por webcam (muuuuy cagado porque era ver como un slideshow de fotos, no había movimiento real y había muuuucho lag). 

Uy y nos escribíamos cosas bien profuuuuuundas... y yo me súper desvelaba para chatear con él... y... ji ji ji ji, una vez tuvimos... ji ji ji ja jo ju... cybersexo... ay, que penita, ja ja ja ja. 

Bueno, aquí el muchacho: 


Emiliano, el Viejo Brujo (sí... como lo sospechan, también por ahí va la cosa con mi nick).

Total que mi Brujo era así como la razón por la cual me quería ir al Cono Sur. Ay, el amor de lejos, en mi primer experiencia, fue tan dulce y después tan doloroso. Tssss total que, estaba bien enamorada de mi argentino que venía seguido a México a bucear y vendría en dos meses y chalalá. 

Neta, NETA yo estaba bien enamorada. Cabe aclarar que tenía 15 años y mi último "novio" había sido el que me popeó la cereza para a las dos semanas pintarme el cuerno. En fin, que estaba bien enamorada sho. Me valía que viviera bien lejos, una vez hasta me habló por teléfono y woooooo... sho me enamore, viste, de su voz, era re linda. 

Y así pasaron como dos meses. Un día, dejé el yahoo messenger prendido y me fui a desayunar. Mi hermana se sentó en la compu y oh... se puso a hablar con él. No quiero decir que de por sí ya odiaba a mi hermana... pero es que... ash, ps la neta era bien insoportable. Andaba en su periodo de modelo y le encantaaaaba la atención. 

Total que mi hermana le mandó su foto a mi Brujo y el otro, bueeeeeeeeeeeeeeno... se deshizo en halagos para mi hermana. Puesí, la neta es que es la guapa de la familia. Tonz, después de conocer a mi hermana, el chingado Brujo ya no quería saber nada de su enana, de cabello rubio antinatural, gorda y fodonga novia mexicana. 

Y odié a mi hermana, la odié como nunca, porque en ese entonces sentía que lo del Brujo y yo era real. Y le llamé a mi amiga Alexia llorando. Oh sí, LLO-RAN-DO. Qué llorando, neta que daba unos gritos como si se hubiera muerto no sé quién, así machín. Eso sí fue un azote. 

Y total que el Brujo nunca más se volvió a conectar (yo digo que fue mi primer block que me dieron en la vida... no sería el último). No sé si ellos siguieron en contacto. Y no iba a ser la última vez que mi hermana me diera o me quisiera dar baje con el cyberamigo... bueno, ni a los amigos no cybers me respetaba. En ese tiempo mi hermana era una BIG attention whore. 

Y pues mi sueño me recordó ese episodio denso de mi vida. Aún conservo la foto del Brujo en mi viejísima cuenta de yahoo... just for giggles... ah, la nostalgia. 




Outro: eso de los 15 cm fue proyección. jajajajajaj 15 cm, yeah right... ni que tuviera yo tanta suerte.

Tuesday, July 15, 2008

Las Nuevas Miss Universo son sponsoreadas por Maxim.

En serio... antes las Misses Universos eran como bonitillas, pero de una hermosura decente. Entiéndase que... ps que no parecían sluts. 

Dice mi mamá que tengo la percepción distorsionada por la película Miss Congeniality, pero no es cierto. De niña, yo era fanSs de Miss Universo. Nos sentábamos todos a verla y a escoger favorita. 

Total que después cayó de la gracia de todos y no nos sentábamos ya a ver a las chamaconas. Y luego, ya ni las Olimpiadas. 

Pero las Olimpiadas son cada vez más chidas, los espectáculos de inauguración y clausura se van superando cada año. Como sea, mi favorito fue la presentación de la nueva sede, en Atlanta '96, cuando salieron un chingo de canguritos/cabezas fosforescentes, anunciando a Sidney como próximo host... pero ya me desvié del tema. 

El caso es que en últimos años, he notado que las mujeres participantes de Concursos de Belleza ("no son concursos de belleza, son programas de becas"), parecen modelitos sacadas de la Maxim. Chichotas, operadotas, el súper sluty maquillaje, extensiones de cabello, taconazo transparente... ¡y pos no hay derecho! 

¿Eso quiere decir que nuestro ideal de belleza actual es la mujer sluty 35% natural? O sea... o sea... ¡no hay derecho! (y en mi caso, ¡no hay dinero para serlo!)

Por cierto, en Discovery Health & Home pasaron un especial llamado "Princesitas", que retrata la cruda vida de las pequeñas aspirantes a reinas de belleza infantil. Desde sus primeros pasos, son forzadas a utilizar numerosos artilugios para potenciar su tierna y "natural" belleza: dentaduras artificiales, extensiones de cabello, fajas contra la "grasita infantil", entre otras cosas igual de macabras. 

Qué feo ha de ser eso, ¿no? O sea, tipo Little Miss Sunshine, pero con muchísimo glitter y falsedad. Yo creoooo, que por eso nos cayó tan bien Little Miss Sunshine: por frescaaaaaa, limpiaaaaa, inocente, oyesssss... y gordita extraña... akward, pues, pa quien me entienda. 

¿O a poco no tenía como cuerpo de tubo de pasta de dientes mal aplastado? 
Pero tan linda la niña, seeee... 

Como sea, a mí me pudo más el hermano, tan lindo él todo emo... ash, pero me volví a desviar. 

La cosa es que el mundo del beauty pageant es bien raro y feo. Pero en niñas... o sea, ¿en niñas? Lo peor es que eran las mamás las más clavadas. Las pobres niñas podían vivir sin tanta pluma y tanta lentejuela, ellas hubieran preferido mascar chicle con sus dentaduras chimuelas que todo eso... ah, pero no... las mamás "pimpeaban" a sus hijas, hasta que terminaban pareciendo algo irreal... así de no mamar. En fin, por favor: si hay un re-run, TIENEN que verlo. Para que no le hagan lo mismo a sus hijas, si las tienen o las llegan a tener. Tan bonitas que son au naturelle, y les tienen que meter dientes de chicle y pestaña de jirafa para acerlas ver lindis... oooook. 

En fin, cagante que los estándares de belleza se vean alterados por tanto "accesorio". O sea, vean una foto de Mata Hari: nadie creería que actualmente pudiera ser la seductora espía / bailarina exótica que fue en su tiempo. Porque a fe de la verdad, ¡qué fea estaba, mana! Pero bueno... yo misma soy un ejemplo de belleza fuera de su tiempo. Mi rubenesca figura hubiera sido un HITAZO en el siglo XVII. Bu, ¿por qué tenía que nacer en el siglo XX? Chia... 

Ya me deprimí otra vez... 

Saturday, May 10, 2008

Putota

Así se llama actualmente mi antigua cuenta de Hi5.

Y de todos los adjetivos que me han dicho, es uno de los más ridículos. Porque puedo ser muchas cosas, pero putota putota, lo que se dice putota, jamás. Es más, hasta soy re penosa en esas cosas del amor carnal. Así de que casi casi me lo están regalando y me cuesta aceptarlo.

Y se preguntarán "¿pero por qué putota?". La interesantísima historia comenzó cuando me robaron mis cuentas de correo, blogger y hi5. Obvio, todas relacionadas. Craso error, ahora no lo repito. El punto es que de pronto no podía entrar a msn, ni a bloguear, y el hi5 era un gran caos.

Me pregunté "¿qué pude haber hecho yo, la tierna criatura de Dios que soy, para merecerme ésto?¿Qué despidada persona pudo ser capaz de despojarme de mis pertenencias virtuales?"



Hey, sigo preguntándomelo.




Pero lo que más me intrigaba era lo de "putota". Ah, incluso la persona que robó mis cuentas, tuvo el atino de conectarse al messenger con mi vieja cuenta... recuerdo que cruzamos algunas palabras... ah, el morbo.

No. Nunca supe quién fue, pero tuve algunas ideas. POR SUPUESTO detrás de todo ésto había una mujer. Resentida, rencorosa, vengativa.

Porque la única manera en que un hombre se refiera a ti como una puta, es que le pintes el cuerno. Y al único que se lo pinté fue a Xavier y ni éramos novios (ni se enteró), además es fecha en que seguimos siendo muy buenos amigos. Y si hay más razones, hombres, apreciaría que me las hicieran saber.

El caso es que yo sabía que mis problemas estaban relacionados con una ardillita femenina, porque también se añadió el término "piruja" a la ecuación. Y ESA es una palabra que sólo las mujeres ardillas utilizamos. Así es: me declaro culpable de utilizar término tan despectivo.

Total, que hoy vagando por el Hi5, me salió en mis "sugerencias de amigos", la cuenta de "Putota". Y recordé esa noche, cuando sentía que el mundo se me venía abajo por haber perdido mis cuentas.

Pots, creo que hasta lloré.

Pero después, hasta resultó buena terapia de depuración. Es más o menos como lo que quiero hacer ahora con el resto de mi vida. Dejar todo atrás y descubrir que puedo vivir sin tanta porquería que poseo. Por cierto, pondré a la venta varias cosas, ahí sí gustan o tienen interés en algún artículo en particular, podemos arreglarnos (wink wink... ya ven que soy putota, wink wink).

La verdad, es que lo único que lamento son los correos de C. Eran los primeritos y los más cariñosos, antes de tocar la cotidianeidad y esas cosas... eso sí me entristece aún. Lo demás, bah... he aprendido que la vida sigue sin hotmail, blogger y hi5. Todo eso se puede recuperar (pero por si las dudas, ya respaldo TODO, jiji).

Wednesday, April 23, 2008

Flashback en C.

El hombre al que me refería en el post anterior, fue un vampirín que rondó mi vida por ocho meses. No... no puedo referirme a él tan indiferentemente. Fue mi primer pareja, en el amplio sentido de la palabra. Vivimos juntos y casi morimos juntos. Teníamos planes y así. Pero en mi necedad, en mi soberbia, lo saqué de mi vida, con una intensa patada en el corazón. Tres días después de mi cumpleaños, decidí irme a Guadalajara, no sin antes verlo en el metro, para devolverle sus cosas sin mayor explicación que "ya no quiero seguir contigo".

Así nomás.

Ese hombre, que seguramente medía la mitad de lo que otros hombres en mi vida (nah, podrán estar muy altos, pero ninguno ha medido tres metros), era maravilloso, independientemente de sus defectos, que no eran muchos y no eran severos. Era un poeta que llegó a escribirme cosas como:

"Ella estaba ahí, ensimismada en su guitarra y su réquiem a la nostalgia, enamorada de su voz y quizá (quiero pensarlo así) de mi presencia desapercibida... ella estaba, atándome a la eternidad y evitando que yo la guardase para la mía, rodeada de espejos, sintiéndose infinita; repitiéndose una y otra vez, encantando mi mirada".

Conocía mis defectos, me entendía y aun así, me amaba. Y le escupí a su amor en la cara. Tengo pedos.





Atte. La Bruja con crisis de los 25... por fin.

Friday, April 18, 2008

C.

¿Dónde estás?
Fauno de mi insomnio,
de mis noches en vela involuntaria
en que por matar el tiempo
matábamos el deseo con abrazos,
fusionados en nuestro desequilibro.

¿Dónde estás?
Vampiro de mis días soleados,
de la más clara piel
casi alba, como enfermo
pero con sangre bien roja
corriendo por debajo.

¿Dónde estás?
Bestia salvaje de mis sábanas desordenadas,
donde te escondías como niño
y emergías depredador
de mis ganas,
de mis besos.

¿Dónde estás?
Hombre corto de estatura
pero largo de anhelos,
inmenso por dentro,
tanto, que le sobraba espacio
a mi enorme ego.

Son años los que cuentan
desde que estuviste aquí,
y la promesa de un poemario
sigue suspendida
en el aire de mi habitación,
junto con tu ausencia.

Cuántos han pasado,
cuántos poemas más has escrito,
Tigre, el rey de todos
¿cuántos de esos son míos?
Los poemas, claro,
porque de los tigres,
tuve al mejor.


Para ti, olvidarme
no resultó un cuento de hadas.
Pero de todos los fantasmas
que flotan en mi aire
que asustan mis noches,
de todos... tú.


Wednesday, March 19, 2008

Crecer en los 80's y no morir en el intento.

Pues mis ruegos fueron escuchados: algo me subió el ánimo hoy.
Lurkeaba por las cálidas aguas de los Interneis y entré a uno de mis blogs favoritos, a pesar de que se actualiza muy de vez en cuando: Neostalgia.

Postearon una bella presentación de Powerpoint disfrazada de video de Youtube, que neto me sacó las sonrisas y luego las lágrimas:



Me recordó por qué amo tanto mi colonia: porque sigue casi igualita que hace 25 años, los que llevo viviendo aquí. Acaso hoy es rara la casa que no tiene reja, pero antes casi todas tenían la misma reja (creo que mi casa es la única que conserva la reja original). Acaso hoy hay más carros que antes, pero la bronca no es cuando transitan, sino cuando están estacionados en doble fila. Acaso hay menos perros que antes, pero los gatos comienzan a tomar el territorio que segurito era de ellos desde el principio de las eras.

Coyuya sigue teniendo sus tres parquecitos en forma de rebanada de pizza, el de Venacho, siempre abierto, el de Yautepemes, siempre enrejado y verde bonito y el de Zumate, siempre seco y con alambre de puas.

Ya no está el árbol de higos al que me subía cuando jugábamos escondidillas, pero como sea ya no podría esconderme ahí porque 1.- la casa de ese árbol ya tiene reja y 2.- tengo como 60 kilos de más que cuando era niña.

Beto, mi mejor amigo/novio/marido, tampoco está aquí, viviendo en la casa justo frente a la mía. Cuando se fue, ya no nos hablábamos, porque un día me pidió ser su novia en serio (éramos "novios" desde los cuatro años e incluso hubo ceremonia de matrimonio, con velo, anillo y padrinos) y a los 20 minutos me dejó sentada en las escaleras de mi casa, viéndolo irse en una camioneta, sin haber esperado mi respuesta.

Anilú, mi vecina de al lado, sigue aquí. No vive con sus papás, pero pasa todo su tiempo con ellos. Pero ahora es orgullosa (¿?) madre de dos criaturas chillonas, aunque bonitas. Pero MUY chillonas. Son parte muy grande de mi neurosis. Escuchar escuincles chillones a todas horas del día no ayuda a tener un mejor caracter.

Mi papá ya no tiene el Datsun azul que me gustaba tanto, porque cuando viajábamos a Acapulco, mi hermana y yo abatíamos el asiento trasero y teníamos una enorme cama, en la que pasábamos las 8 horas que duraba entonces el viaje en carretera. Ahora tiene un Tsuru dorado, con cajuela independiente. Sin asiento abatible.

La abuelita del moco verde sigue viviendo en su casa en la esquina de la calle de Venacho y Tlacoxpango, pero ya no vamos a tocarle el timbre para luego echarnos a correr y escuchar sus gritos de "¡chamacos ociosooooooooooos, nomás que los agarre los acuso con su mamá!".

A propósito de eso, ahora que me acusen con mi mamá no es lo peor que me puede pasar. De hecho, los vecinos de al lado, los papás de Anilú y sus Chillaluces, son tan chismosos, que cuando mi mamá se va de viaje, a su regreso le dan santo y seña de lo que hice en su ausencia. Que si vino un chavo con tal carro, que si vino otro con otro carro, que si vinieron los dos, que si hubo orgía y hasta que si no. Bah.

Hoy mis papás ya no viven en la misma casa, mi papá ahora tiene su departamento a 10 minutos de aquí, a 5 de la casa de mi abuela. Ya no vamos a la 3ra. sección de Chapultepec con nuestro perro Piti, a asar carne y manzanas, ni salgo a patinar con Evelin, Megumi, Beto y Anilú.

Tampoco voy a jugar Street Fighter a las maquinitas del Scar Face, aunque el célebre señor aun siga atendiendo la tienda de Oyameyo. La farmacia de Coyuya ya no existe, ni la bonetería La Miniatura. El Minisuper Elvis sigue donde siempre, aunque ahora ya no puedes circular dentro de él, ya no es autoservicio. Y las paletas de arroz de Venacho tampoco están, su creadora murió y se llevó la receta con ella.

Con todos los cambios y los extras, con todas las cosas que hacen falta, principalmente lo que desapareció fue mi generación. La entrada a la secundaria y la llegada de las hormonas nos separó, nos llevó a caminos diferentes. Mi primera vez fue con un vecino, por supuesto. Mi segunda también, pero fue un vecino de la lejana calle de Yautepemes, a la que para ir, debía pedir permiso, al ser una de las calles externas.

Justo antier vi a Emmanuel, el príncipe del castillo terracota (su nombre código entre mi entonces amiga Atziry y yo) que me popeó la cereza. Ahora es un hombre gordo con peinado ridículo. Su papá y él compartían los rasgos orientales que tanto me gustaban de ambos, pero ahora sus ojos se pierden tanto por su pequeño tamaño como por sus enormes cachetes. Y usa playeras de mamado, lo que realza la barriga de papá dominguero panbolero. Y Jair, mi segunda opción, sigue igual de guapo y gordito, con sus ojos claros y su lenguaje verdulero. Pero casado también, y cargando las bolsas de Liverpool de su mujer.


Neostalgia siempre me lleva a esos tiempos, en que las Pizzerolas eran una opción aparte, no eran una variante de Doritos. Cuando la Coca Cola venía siempre en envases de vidrio, a menos que fuera el tamaño familiar, el fabuloso Zepelin que entre mi papá y yo podíamos acabar.

Me hace recordar las posadas que desde el 15 hasta el 23 nos hacían ansiar las noches, para romper las mil ocho mil piñatas que ponían entre todos los vecinos. Una vez llegamos a romper hasta 10 piñatas una noche, tres de ellas de dulces, una de dulces importados (puesta por los vecinos nuevos ricos). Y ningún papá se metía a la hora de aventarse por los dulces, porque éramos niños tan bien portaditos, que no arañábamos ni arrebatábamos. Nos aventábamos, sí, pero lo que quedara abajo de tí y a tu alcance, era tuyo, lo demás no importaba.

Leer neostalgia, me lleva al tiempo en que salir a pedir dulces era padre porque éramos puros niños de Coyuya, bien disfrazaditos y limpiecitos, educados y corteses a la hora de pedir los dulces, al estilo americano: dulce o travesura; si no había dulce, nos organizábamos todos para cantar una rima ofensiva pero siempre blanca en contra del ofensor vecino.

Los niños de los barrios aledaños de La Cruz y Santa Anita aun no se aventuraban a las doradas calles del fraccionamiento "bien", con sus pobres disfraces de tres pesos o sus playeras embarradas de pintura roja simulando sangre. Antes hasta Scarface daba bolsas enteras de dulces, porque antes éramos acaso 50 or so niños pidiendo dulces, siempre en un orden casi militar. No éramos las mareas de niños olorosos y ya bastante peluditos, acompañados de sus mamás algunos y otros de sus pésimas actitudes, que invaden ahora las calles de nombres extraños de mi colonia, durante cuatro días, no dos como era nuestra sana costumbre (gracias, mamá por ti poseo una sonrisa hermosa y casi blanca).

Sí, tuve una infancia "bien padre". A pesar de ser burra, tener una hermana abusiva y no tener Zaz. Tuve patines en línea al mismo tiempo que mis amiguitos, tuve bici siempre, aunque en una ocasión fue la bici de mi hermana cuando ella ya no la quiso. Tuve perro y tuve tantos gatos que ya hasta he olvidado algunos nombres. Fui feliz.

Por eso también me duele querer vivir en otro lado. Pero los recuerdos siguen aquí, justo como nuestras medidas de crecimiento en el marco de la puerta de la recámara de mi mamá. Y sé que siempre que tenga que regresar, regresaré al mismo lugar. A Coyuya, a sus calles llenas de pájaros, a sus vecinos chismosos y sus miles de gatos huraños. A la comida de mi mami y al pan de avena de mi tía, que vive a una cuadra de mi casa.

Sunday, February 17, 2008

San Valentín (atrasado)

No cabe duda que el 14 de Febrero es una fecha especial. Creo que lo mamas desde chiquito. Yo sí crecí festejando San Valentín. Y no siempre con el novio (o sea, los novios llegaron mucho después). Mayormente con mi familia, especialmente mi mamá.

Así como el 30 de abril era una buena fecha para organizar algo para los niños de Coyuya, el 14 de Febrero era un buen pretexto para juntar a los amigos que habían dejado de serlo por una bobada y reforzar la amistad de todos.

Así crecimos en Coyuya, celebrando CADA fecha que el calendario nos permitía celebrar. Vaya, que Halloween y Día de Muertos los celebrábamos también, muy aparte.

Pero bueno, 14 de Febrero sí es una fecha especial para mí. Es como Navidad, como Día de la Independencia, como mi cumpleaños. Ya sé que en vísperas de mi cumpleaños no hay vendedores de chucherías por todas las calles, ni los medios nos bombardean con mensajes de "Porque el 27 de Septiembre es especial, compre amor, no lo regale". Ya sé, pero para mí es casi casi la misma gata.

Puedo ser EXTRA cursi o puedo tener detalles extras con mis amigos. Y esperar lo mismo a cambio. Uy y cuando hay novio, ¡agárrenme!

Recuerdo cariñosamente tres años en especial: 1995, 2004 y 2005.

En 1995, las maestras de la Escuela Secundaria María Montessori, se organizaron para llevarnos a festejar a La Feria, Chapultetrepo. Una semana antes, exactamente, yo le había dado el SÍ a César (el primero, mas no el último en mi triste vida), quien un día antes había "cortado" con mi amiga Megumi (si se puede cortar una relación en la que él se acercaba y ella se echaba a correr al baño, una de las razones por las que César y yo terminamos juntos). Por eso, ese día gané un novio y perdí una amiga. Bah... pero luego gané de vuelta a otra amiga... aash, como sea. El caso es que en toda esa semana César y yo andábamos nomás de manita sudada, no hubo besos ni apapachos (ni mucho más, no sean malpensados, yo apenas tenía 12 años, puercos). Total que César y yo anduvimos para todos lados juntitos y en la fila para subirnos al carrusel, me besó. Wow, mi mundo se volvió de otro color. No podía dejar de sonreir y aunque la relación se volvió escabrosa por muchas circunstancias, nunca olvidaré ese 14 de febrero en la Feria.

En 2004, abrí mis ojitos tarde, porque no tuve clases ese día. Con lagañas y todo, alcancé a ver una caja de galletas en mi mesita. Y dije "aaaaaaaaaaw, mi mamá me regaló galletas". En eso entra mi mamá con una enorme sonrisa. "Ya ábrelo, te llegó desde antes, pero me pidieron que te lo diera hasta hoy". Y mergas, dije... ¿entonces no son galletas? Oh, decepción. Abrí la caja y descubrí un minino güero y los pétalos de unas flores que no hubieran llegado completas. Una carta, dibujitos pero especialmente, la esencia y el amor de una persona que yo amaba también bastante. En esta relación a distancia, los detalles fueron los que la hicieron llevadera. Aunque al final ganaron los kilómetros de separación (y el miedito a su papá), no puedo negar que me la pasé bien chingón y esa sorpresa al despertar, me arrancó las lagrimitias de emoción (cosa que ayudó a aflojar las lagañas, he de decir).

En 2005, caí en las estadísticas al pasar la noche en un hotelín. La verdad es que no recuerdo qué le regalé yo al otro César (no el segundo, pero sí ha sido el último), pero incluso mis lectores de muchos años pueden recordar qué me regaló él. Si no me hubieran tirado el blog anterior, les pondría el post que hice en esa ocasión, con foto del negligé que recibí (advertencia: no era una foto mía usando el negligé, sólo era la foto de la prenda, no piensen cosas). Recuerdo que negociamos esa noche de hotel, porque ese dinero yo se lo iba a prestar al muchacho para que pagara el registro de sus textos, pero decidió usarlos en la habitación 207 del Hotel Roosevelt. Llegamos, nos concentramos en la faena, terminó y después de sólo una ocasión, el muchacho se disponía a dormir; yo, decepcionada dije "mmmmmmta, ¿para esto gastamos lo de tus textos? No, pues para la próxima, mejor nos echamos el rapidín en el carro o en la azotea". Creo que esto le dolió en lo más profundo de su ego, porque me hizo calzar el negligé y después la que se quería dormir era yo, pero no me dejaron. Cargábamos fuerzas con chocolates que él me había regalado y seguimos all-night-long. Priceless.





No he vuelto a vivir un 14 de febrero memorable. Espero que el año próximo sea diferente, que esté lleno de fechas memorables, lo mismo que el resto de este año.

Friday, January 18, 2008

¿No te pasa que tus anécdotas más cagadas son en las que peor te va?

Hace unos minutos contábale a Tona sobre la peor vez que me quedé afuera de mi casa sin llaves. Y neta ahora me río mucho de eso. Tiene muchos aspectos cómicos, fuera de los deprimentes. Además, fuera de ese momento en que descubrí que no tenía llaves y lo que sucedió después, había tenido una noche muy agradable con Candiani.
Pero justo reflexiono que mis anécdotas más cagadas son aquellas donde de verdad sufrío. Como la historia de Susunaga (ya sé, aun les debo el episodio final). Neta que sufría machín al respecto.
O cuando la aerolínea perdió mi maletota, cuando volvía de Orlando. Fue el fin de semana del INFIERNO. Ahora a todos les da risa.
Neto, me pasan un chingo de cosas bien feas. Ahora cuando me pasan, de plano digo "cómo me voy a reir de esto en unos años". Dicho y hecho.
Recuerdo también mi primer visita como "la novia" a cierto especímen de Guadalajara. Fue el viaje del infierno también. Conocí gente bieeeeen chida (Tats, Jules, Moni, etc). Sin embargo, fue terrible llegar a un hotel horrible, donde ni siquiera podía pasar mi novio a dejarme la maleta. Neto, así super hotel de paso, pero él no pasaba. A la noche siguiente, mi primo no me contestaba el teléfono, así que Tats me alojó en su casa. Quedarme en casa ajena la primera vez es SUPER vergonzoso para mí, porque ronco muy fuerte, me muevo un chingo y no dudo que de vez en cuando se me escape una que otra flatulencia nocturna. Y pa' colmo hablo y canto dormida. C'est terrible.
Lo feo seguía cuando mi primo me dijo "oye, prima pero una cosa pasa en esta casa: cuando yo me salgo de aquí a las 8, la puerta se cierra atrás de mí y nadie entra o sale". En ese momento pelé los ojos como nunca y dije "whaaaaaaaaaaaaaaaaaaaat?" ese día era Nochebuena, así que era la excepción, pero a la mañana siguiente, especímen Guadalajara me recogió con todo y maletas, porque no volvería a esa casa (encima que me hacen dormir en un sillón "rústico" incomodísimo, me restringen los horario, qué pueeeeeeeees).
Y pa' colmo, ni le caí bien a mi familia política. ¿Alguien tiene un kleenex? Eso fue lo que más me dolió... NOT!
Como esas, hay muchísimas anécdotas en mi vida: cuando me rompí la nariz, cuando me reventaron una botella de vidrio saliendo del Tecnogeist y ahora que me junté con los de la prepa a recordar, qué joyitas salieron... qué bueno que nadie de la prepa entra aquí para balconearme, neta.
Y nos reímos, en serio, como locos degenerados.
Y lo peor es que esa es la historia de mi vida: reirme de mis desgracias porque, finalmente, no me queda de otra.

Monday, December 03, 2007

Lo que está de moda.

¿A quién no le gustó la saga de Piratas del Caribe? A mí, personalmente me encantó. Amé a Geoffrey Rush como el Capitán Barbosa. La imagen de los piratas/esqueletos caminando bajo el agua aumentó mi miedo al mar. El Kraken, whoaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa...




Pero, personalmente, hay otros caribeños que me hacen sentir mejor:




¿A poco no la cantaban también? No se hagan.

Friday, September 21, 2007

La Nostalgia i: Los Chicos de al lado.

En la etapa del florecimiento de las Boybands.

En la triste etapa del final de los 80's.

En una etapa tan inocente en mi vida, pero que tuvo un despertar precoz.

En esa etapa, aparecieron en el panorama The Guys Next Door. ¿Cómo olvidar ese pegajoso estribillo, que entonces era tan simple que incluso una párvula como yo le entendía?
We're the guys...
We're the guys next door,
We're the guys next door, whoa-oh




Hoy en día, Guys Next Door no sería la gran cosa. El argumento era barato, simplón, los actores francamente no lo eran y se llamaba "Guys Next Door" porque era tan simple que lo relevante de estos chicos era que "vivían a tu lado" y eran guapos.

El catch fue que el grupo era multicultural: el rubio, el blanco, el latino, el negro y... el chamaco caguengue. No sólo atraía a un grupo femenino babeante y con un fuerte poder de adquisición, también atraía a un nutrido grupo de hombres jóvenes y no tan jóvenes que se querían ver reflejados en los personajes, tan burdos y comunes.

¿Cómo es que consumimos cosas tan tontas? Creo que no hay nada más ridículo que la incómoda transición entre los 80's y los 90's... y ahí estaban parados los chicos de al lado, cantando a la boy band, pretendiendo tener talento.

Pregúntenme dónde están ahora los chicos de al lado... EN NINGÚN LADO. SALVO el chamaco caguengue. ¿Saben qué hizo así suuuuuuuuper relevante? Escribir "Love don't cost a thing" de J. Lo... todos a coro "óoooooraleeeeeeeeee!".



Monday, September 03, 2007

El Interés tiene pies... reloaded.

¿En qué me quedé? Ah sí.

"Waaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaak" al unísono.

Seguramente hubo comentarios sobre "ay wákala a mí no" de las rechazadas, porque después hubo frases como "¿y yo por qué no?" y así ya ven cómo somos de envidiosas las mujeres, más las adolescentes.

Efectivamente, las "lucky bastards" fuimos Bárbara y yo. Obviamente Kenia no, porque ya andaba a escondiditas con Jorge y Sarahí... bueno, ese es material para todo un post, así que prosigamos. Las nominadas se levantaron asqueadas y una fue al baño y la otra se revolcó en el suelo, en una gran representación teatral de una muerte con estertores y hemorragias internas... no diré nombres...

Cuando los hombres del grupín se enteraron, corrieron a hablar con nosotras. "No maaaames, ¿es netooooo?" "¿Y qué le vas a decir?" "Oye, pero dile que síiii". El repentino interés de estos pendejuelos me intrigó. "A ver" le pregunto a Mauro "¿qué pedo con el interés? Bastante sospechoso". Y me responde: "ah, cómo eres wey... deberían aprovechar una de ustedes y apañarse al Susunaga, ¡¡tiene la laaaana!! Y ya nos contóooo que tiene casa en Cocoyoooooc y en Acapulcoooo y se va a Aspen de vacacioneeeeeeees y que a sus viejas les da toooooooodo".

¡Ca-chin! Hicieron los ojitos de Bárbara y Joanna. A mí no tanto me interesaba la lana, sino los lujos y los apapachos, que nunca en mi triste vida amorosa había tenido... de hecho para esas fechas, apenas me andaban tronando el cacahuatito para que a la semana después me andaran poniendo los cuernos... así de patética era mi vida amorosa, cómo ven. Culero, ¿no? Entonces dije "va" y Bárbara dijo "va" y entre hombres celestinos alcahuetos padrotes organizaron ir a comer a la casa de este tipejo a la Nueva Santa María, una colonia hasta entonces desconocida para mí.

Un miércoles después de clases, lo recuerdo perfectamente, toda la pandilla ceresocondesera nos trepamos a la Suburban que manejaba el "tío", como le decía Susunaga a su guarura. Sí, leyeron bien: guarura. Aunque francamente nunca supe si de verdad era su tío. Quién sabe. Apenas cabíamos, pero como Bárbara y yo éramos los tesoros a custodiar, íbamos cómodamente acomodadas adelante con el tío. En nuestros mejores trapos y nuestras mejores fragancias, o bueno... lo que se podía hacer, llegamos a casa del susodicho Susunaga y francamente no recuerdo qué comimos. Creo que pizzas. El caso es que invadimos el salón de juegos, que tenía algo para todos. Lanoli jugaba dardos con Fabián, Jorge, Susunaga y Andrés jugaban billar y yo, fascinada, me senté al piano. En ese entonces me gustaba una canción de Oasis, así que comencé a tocarla y luego otra y otra... hasta que no faltó el inútil de "ya cámbiale a algo más movido... ¡o mejor pongan música!", seguramente fue Mauro.

Don Susunaga, o sea el papá de U-Uuuuuuu (como lo llamábamos de burla durante el segundo año), tenía una lechuza parda en una pequeña sotehuela en el salón de juegos y Susunaga me la enseñó (ji ji ji, me enseñó su pájaro... ji ji ji, ash ya, si no lo hacía yo, el chiste malo lo haría alguno de ustedes y... les evito la pena). Después llegaron los padres (¿mis suegros? aun no sabíamos a quién iba a elegir Susu) del chico de la casa y el papá bastante simpático, se puso a jugar billar conmigo. La mamá, cof cof golddigger cof cof, dio un saludo general, me miró con desprecio por estar tocando el piano de SU hija, y se retiró.

Unos minutos después, en su peculiar idioma, Susu me pidió que lo siguiera. Por laberintos de pasillos y salones, a mí la casa me pareció inmensa, me llevó a una diminuta oficina, donde la tierna hermanita (NOT!) exhibía sus obras maestras de dibujo y pintura (NOOOOOT!). Me senté del lado "de los visitantes" y Susu, con mucha parsimonia, se sentó en la silla del otro lado.

-Eeee... ue e ería reun-ar ua coha -me decía mientras extendía sus manos sobre el escritorio.
-¿Eh? -le respondí.
-Ije eeee ue e ería reun-ar ua coha.
-¿Que me quieres qué una cosa?
-reun-aaaaaar.
-¿Preguntar?
- I.
-Aaaaah, pues pregúntame.
-E ería reun-ar i iere her mi o-via (a estas alturas, si les parece difícil entenderlo leyendo, imagínense el calvario de estarlo escuchando y al mismo tiempo tratar de mantener una cara seria).
-¿Que si quiero ser tu novia?
-I.
-Aaaahh... ehm... pues... sí, yo creo que sí.
-Ah ueno.

Entonces Susu se levantó de su asiento y me señaló que lo siguiera. Se detuvo en el marco de la puerta, como dándome el paso, pero con esa traicionera mirada mezcla de calentura y vergüenza, así que me escabullí pretextando una urgencia fisiológica. Así fue como escapé de ese incómodo primer beso con el Susu.

Al volver al salón de juegos, todas las miradas expectantes me taladraron cuando entré. Las cabezas se movían en un movimiento positivo, esperando mi respuesta. Me encanta la intriga, pero no lo pude evitar y exclamé un "sí sí, acepté". El viaje a Cocoyoc ahora era una realidad.

¿Quieren saber qué pasó en Cocoyoc? Luego les cuento.

Friday, August 31, 2007

El Interés tiene pies.

Ya que les conté sobre mis días de pinta nulos durante la secundaria. ¿Recuerdan la parte donde no me fui de pinta sino que el puto de la entrada no me dejo pasar? Bueno, en esa ocasión mi grupo de amigos y yo íbamos ese mismo día, un viernes, a emprender el viaje a la casa de Cocoyoc de Susunaga... ¿quién es ese fulano? Permítanme regresarme un poco más en el tiempo.

PURULURU PURULURU PURULURU (referencia noventera, estrellita a quien la entienda)

Meses después de comenzar un nuevo año escolar, una nueva etapa en mi vida, y demás shiterías propias de cuando una empieza la prepa y empieza a copular y así... bueno... avancemos... meses después del comienzo de clases, cuando ya los grupitos de gente estaban formados y las Quekas se juntaban con las Quekas, los Tetos con los Tetos y nosotros, los dueños y señores del CERESO Condesa, alias Instituto Avignon en el cual estudiaba, un célebre personaje ingresó al grupo.

Los rumores, que más que rumores eran verdades enaltecidas, decían que era hijo de uno de los socios de la escuela (era una escuela muy cutre, ni pa' socios daba... lo que querían decir es que el ñor dejó caer la lana para que aceptaran a su hijo... como si eso hubiera sido necesario, ¡JA!), que estudiaba en el CUAM, escuela de gran prestigio en mis tiempos, pero que tuvo que salirse por problemas con otro niño pudiente, que tenía problemas en el área del lenguaje porque una vez paseaba por la playa con su novia y unos vándalos playeros los interceptaron, quisieron violar a la nena y él por defenderla recibió un tubazo en la cabeza, lo que lo dejó hablando como tarado. ¡Ah, las leyendas y los mitos urbanos!

Obviamente, los rumores llegaron al salón antes que el personaje en cuestión. Así que mi imaginación voló: ¿cómo era? ¿Guapo, atractivo, varonil? ¿Cómo hablaría? ¿Tartamudo, entrecortado, como Yoda? Las posibilidades eran infinitas. Además, porque después de esos pocos meses en el salón, ya había repasado a todos los hombres y sólo había uno que otro decente. Así que me hacía falta carne fresca y mejor de la que había... que hubiera resultado en simplemete OK, porque para ser franca lo único memorable de ese salón fue la presencia de Mauro Malacara y Jorge... no recuerdo su apellido.

Mientras fumábamos en el balcón de nuestro primer piso, Fabián salió y nos señaló a alguien. "Miren, ese es el nuevo". Kenia y yo volteamos hacia donde apuntaba su dedo y yo sólo lograba ver a un esmirriado flacucho y al hijo de Donkey Kong con una playera de las chivas... oooomaicoooood, no por favor. Pues sí. Manuel Susunaga era su nombre y las Chivas eran su pasión.

Susunaga se adaptó muy bien a la dinámica del salón... más bien no. Nunca hablaba en clase y todos nos moríamos de ganas de escucharlo. Fabián había estudiado con él en la secundaria, así que casi inmediatamente se volvió su chalán. Nadie se atrevía a dirigirle la palabra, pues su semblante no era muy... amistoso. Fabián fue su voz por mucho tiempo. Incluso los maestros caían en la dinámica de nunca preguntarle nada... yo creo que la orden venía de arriba.

Y así pasaron los días hasta que escuché unos balbuceos salir de la cafetería. Una especie de gruñidos y palabras entrecortadas, especialmente carentes de consonantes... descubrí al entrar que era la primera vez que escucharía esa terrible voz a la que sólo con la práctica llegaría a entender. Esa voz se volvió cultura pop en mi grupo. "E pa oooooooooooo", "U ma a ueeeeeeeei" "omo eg aaaaaaaaaaaaaas", sólo escribirlas me hace soltar sonoras carcajadas, que sé no entenderán porque no conocieron a Susunaga, ash los odio!!

Un día, mientras Sarahí, Bárbara, Kenia y yo estábamos fumando en el patio, Fabián se acercó con cara de "traigo noticias". Se sentó frente a mí y dijo: "Manuel me confesó una cosa y creo que deben saberlo". La intriga era tanta como saber los resultados de la contienda electoral de San Felipito Rey en el municipio de Tepiscoloyo. Sin embargo, nuestros semblantes indiferentes no desalentaron a Fabián de soltar la sopa.

"A Manuel (por qué era el único en decirle así, nunca lo sabré) le gustan dos de ustedes y está pensando en a quién llegarle".

Ahí fue donde nuestra tranquilidad se rompió por un sonoro y unísono "waaaaaaaaaaaaaaaaak".

¿Quieren saber quiénes eran las dos suertudas? Seguramente ya se darán una idea, pero ya me dio hueva seguir escribiendo, además ya está larguísimo este post. Besitos, que tengan un excelente fin de semana.

Thursday, August 30, 2007

Nunca me fui de pinta en la secundaria.

Créanlo o no, jamás me escapé de la secundaria. Aunque hubiera querido, era imposible, porque cada mañana mi papá me iba a dejar a la escuela y no se iba hasta que me veía adentro. Incluso cuando me encontraba algún amigo afuera y nos quedábamos platicando, mi papá no me presionaba para que me metiera, a menos que ya estuvieran cerrando la puerta. Simplemente se quedaba ahí, sentado en el carro, inmutable, mirándome.

El primer año, no era mi papá quien me llevaba, sino el papá de mi entonces amiga y eterna vecina Megumi. Él sí nos decía siempre antes de bajarnos del carro "métanse ya!!". Y ahí íbamos, hechas la chingada pa'dentro. Lo culero era cuando tenía mi novio que estudiaba en otra escuela y llegaba en la mañana para saludarme y no podía quedarme a platicar con él. Entonces me metía y luego le rogaaaaaaba (así es, leyeron bien: le rogaba) a la maestra en la puerta, que me diera tantitito chance de salir a darme mis besos con mi novio bizco.

Luego, mi escuela era tan pequeñita, que no había dónde esconderse. Ya después, encontré un lugar, hasta arriba, del lado de los laboratorios, donde me trepaba a un tinaco, a escribirle versos de amor a Carlo Olmedo, mi amor de segundo de secundaria, hermano de Roxana, mi mejor amiga. Ahí me pasaba la hora de matemáticas, lo que me llevó a reprobar. No importaba que justificara mis faltas o las disfrazara de "reunión de coro". La cosa es que nunca aprendí las mates y ahora soy una bruta con los números, excepto con el sudoku, pero eso nada que ver con comprensión numérica.

Total que la primera vez que me fui de pinta, ni la disfruté. Fue en primero de prepa, con el Club de los perdedores. Si mal no recuerdo, íbamos como 10 en un bocho blanco. Afortunadamente en ese tiempo yo aun cabía en la cajuelitita del bocho... o sea, en la parte de atrás del asiento trasero, no vayan a creer que en donde se guarda la llanta de refacción. Bueno, les iba diciendo: íbamos Jorge, Andrés, Lanoli, Suelen (sin Pierre, de hecho era otra Suelen), Mauro y Adrián Malacara, Fabián, Renato Parra, no recuerdo quién más y yo. Neta... hay compañeros de la prepa que no recuerdo y hay otros que hasta sus apellidos me sé de memoria. En fin.

Fuimos a los Dínamos y yo juraaaaba que me iban a cachar. También a la prepa mi papá me iba a dejar y se esperaba a que me metiera, pero el de la puerta me dejaba salir a comprar café, si le llevaba uno. Así que esa mañana entre, esperé cinco minutos y me salí. A la vuelta del Péndulo, me esperaba ya Suelen, con el eterno Benson mentolado en la boca. Después fueron llegando los demás, hasta que llegó el dueño del carro y partimos a los Dínamos. Comimos ricas quesadillas y bebimos unas cervezas y luego subimos al cuarto dínamo o no sé cuál de todos, donde había unas ruinas que me parece ahora ya rehabilitaron.

El caso es que se compraron unos pulques y se los estaban tomando y en eso me esperé a que se descuidaran y me escondí. Cuando iban saliendo Fabián y Parra, les brinqué frente a ellos y los asusté tanto, que Fabián salió corriendo y Parra se mojó los pantalones... jajajaja, casi se hace pis, y digo casi, porque apenas fue una manchita que sólo una persona con fijación fálica como yo se daría cuenta. Eso fue lo único que me quitó por un rato la paranoia de que me iban a cachar.

No me cacharon. Tampoco la segunda ocasión. Pero la tercera, cuando ni siquiera fue pinta, sino que el puto de la puerta ya no me dejó entrar, en esa ocasión sí se armó la grande. Llamaron a mi mamá, porque encontraron mi mochila botada a medio camino del pasillo, yo no aparecía por ningún lado y el puuuuuuuto de la puerta nunca dijo "anda allá afuera.". Hijo de la rechingada... no me quedaron ganas de volver a irme de pinta... jajajajaj y pensar que apeas era mi primer año...